Intervención del Presidente de Acuproga


El Presidente de Acuproga, Emilio Ruiz, enumeró los numerosos méritos del galardonado






Juan Guerrero tuvo palabra de agradecimiento para todos
 

Hoy nos hemos reunido aquí un grupo de gallarderos, de amigas y de amigos gallarderos –de adopción o de nacimiento, que es lo mismo-, para celebrar un hermoso acto de homenaje a una persona.

Los Gallardos es un pueblo que tiene tras sí una muy corta historia. Ochenta años en la vida de una persona puede resultar una edad aceptable, pero ochenta años en la vida de un pueblo es estar en los inicios de una vida, por lo que se puede decir que Los Gallardos están todavía en edad infantil.
En estos ochenta años de vida, Los Gallardos ha vivido cinco etapas importantes:

  • Una primera, la de su nacimiento, a la vera de la explotación de las minas de Bédar.
  • Una segunda, la de su consolidación como municipio, durante la primera mitad del siglo pasado.
  • Una tercera, trágica, al ver cómo, tras el cierre de las minas y la penuria del tardofranquismo, sus hijos tuvieron que coger las maletas –por llamarle maletas a aquellos bultos que envueltos entre sábanas se embarcaban en la estación de Zurgena con destino a cualquier parte del mundo-, dejando el pueblo vacío.
  • Una cuarta etapa, la de los años ochenta-noventa, con el retorno de muchos gallarderos de la emigración.
  • Y una quinta, la actual, convirtiéndonos de pueblo generador de emigrantes en pueblo receptor de emigrantes, en pueblo de inmigrantes.

Entre su juventud y las convulsiones de su pasado, a los gallarderos no nos ha dado tiempo de crear un pueblo con raíces, un pueblo con solera histórica.

Pero esto no es una queja de nada ni de nadie. Es la constatación de una realidad histórica. Nosotros, los gallarderos, nos sentimos orgullosos de ver cómo otros ciudadanos del mundo vienen aquí, a compartir con nosotros el vivir cotidiano del pueblo. Nos sentimos orgullosos de ser cada vez más grandes, de ser más universales, de ser un pueblo multirracial, multicultural y un pueblo dotado de múltiples variedades y matices.

Pero esta nueva situación que estamos viviendo no debe ni puede impedir que algunos de nosotros, los gallarderos de toda la vida, quienes aquí nacimos, aquí nos criamos y aquí vivimos, consideremos que esa tarea de seguir cultivando nuestras raíces históricas no debe ser abandonada. Un pueblo, para que sea verdaderamente hermoso, tiene que tener historia, tiene que tener pasado. Por eso, tenemos que sentirnos orgullosos de todos aquellos gallarderos que aportaron su granito de arena para dar identidad y personalidad propia a nuestro pueblo.

Quienes esta noche nos hemos reunido aquí no somos ni más gallarderos ni menos gallarderos que nadie, Ni siquiera somos más gallarderos que esos nuevos gallarderos que se han incorporado recientemente a nuestra vida de vecindad. Pero también es cierto que a todos los que estamos aquí nadie nos puede arrebatar el cariño que sentimos por nuestro pueblo y por nuestra gente. Queremos a nuestro pueblo y nos sentimos orgullosos de ser gallarderos.

Sentimos cariño por quienes vienen de fuera a compartir con nosotros la ciudadanía gallardera, pero de quienes nos sentimos más –y perdonadme aquéllos- es de los gallarderos que, aún viviendo lejos de nuestro pueblo, no quieren perder el contacto con sus raíces, quieren estar siempre con nosotros en la presencia o en la distancia físicas. Son nuestros hermanos, son nuestros amigos, son nuestros paisanos por excelencia, y los queremos como algo propio, como un trozo de nuestro ser gallardero.

Precisamente por esto, la Asociación Cultural Acuproga, que presido, ha creado el galardón “Gallardero sin Fronteras”, que concederemos cada año a un ciudadano gallardero. Recogiendo nuestro sentir, la distinción “Gallardero sin Fronteras” es un premio que se dará a un ciudadano de Los Gallardos que, habiendo nacido en Los Gallardos, se encuentre residiendo fuera de nuestro pueblo, que esté integrado plenamente en su lugar de residencia, pero que al mismo tiempo mantenga intacto el amor y el cariño por el pueblo que le vio nacer. También puede recibir el premio un ciudadano que, no habiendo nacido en Los Gallardos, y sin mermar el cariño hacia su tierra de origen, se encuentra plenamente integrado en la vida social gallardera, pudiendo ser considerado a todos los efectos como un gallardero más.

Y como, desgraciadamente, muchos de nosotros no tenemos la oportunidad de vernos con la frecuencia que desearíamos, queremos aprovechar la ocasión de la entrega del premio para estar un rato a gustito, para encontrarnos los amigos del pueblo, para recordarnos entre todos que en una sociedad tan materialista como ésta que nos ha tocado vivir, actos de compañerismo, de encuentro entre amigos y paisanos, actos en los que los sentimientos predominen sobre otro tipo de intereses, nos enriquecen como personas, nos enriquecen como gallarderos y nos enriquecen como ciudadanos que aspiramos a vivir en una sociedad cada vez más sensible, más tolerante, más humanizada y más democrática.

Muchas gracias, paisanos, y enhorabuena.

   


 

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