Pintada efectuada sobre una fachada
 
La intolerancia y la cobardía de quien se esconde en el anonimato han hecho de nuevo su aparición en Los Gallardos. Amparados en la noche, que es cuando habitualmente suelen actuar los miserables, nuestro tranquilo pueblo se ha visto manchado por una serie de pintadas realizadas en lugares de tránsito.

Un sistema político, como el que disfrutamos los españoles, basado en los principios de la democracia ofrece la oportunidad a todo el mundo de que pueda manifestarse libremente. No es necesario recurrir a métodos facciosos, como éste de las pintadas, que creíamos desterrado.

Da igual quiénes sean los autores materiales del hecho. Pero hay que tener cuidado con ellos, porque hoy pueden hacer uso de una pintada, mañana lo pueden hacer de un anónimo y pasado mañana, si se les da la más mínima tolerancia, pueden llegar un poco más lejos.

La disconformidad, el contraste de pareceres, la opinión distinta, se pueden expresar de forma libre, y existen muchas plataformas para hacerlo. Recurrir al anonimato descalifica personalmente a quien lo utiliza, a quien lo tolera, a quien los inspira y a quien lo comparte.


La ortografía no es el fuerte
del autor de las pintadas

Otra pintada




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