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Hacia 1888 se pone en funcionamiento el cable aéreo de la
Compañía de Águilas, que transportaba los minerales que se
extraían en varios puntos de Bédar de las minas que habían dado
en arrendamiento los herederos de don Ramón Orozco Gerez a la
citada compañía. El primer cargamento, con un total de 2.500
toneladas de mineral de hierro, sale por Garrucha en el vapor
francés «Panamá».
Estas nuevas iniciativas mineras en Bédar proporcionan a los
obreros y familias humildes de todos estos pueblos mucho trabajo y
enormes expectativas, tanto por el laboreo en las minas como el
cargamento con gabarras del mineral.
Mientras tanto, el vicecónsul inglés en Garrucha, don Jorge
Clifton Peket, ha reunido en sus manos otro interesante e
importante grupo de minas y concesiones mineras de Bédar y busca
empresas y capitales con capacidad para afrontar otro gran
proyecto: la construcción de un ferrocarril que transporte el
mineral de hierro desde este Coto Minero hasta La Marina de
Garrucha. Los primeros contactos se llevan a cabo con la afamada
casa Murrieta de Londres.
Por estos mismos meses se descubre una cantera de excelente piedra
blanca, con posibilidades de ser pulida como el mármol, en el
paraje de Jauto, término de Bédar, que se suma a las
explotaciones marmóreas que se hacían por empresarios
garrucheros en El Chive (Lubrín), pero mucho más cercanas a la
costa. El inicio de la explotación en Jauto parte del empresario
garruchero don Pedro Gea y López Teruel.
Debido a todas estas expectativas económicas, varios diputados
provinciales (Cassinello, Flores Grima y Amat), así como el
diputado a Cortes por el Distrito de Vera, don Juan Anglada y
Ruiz, en ese mismo año 1888 solicitan del Gobierno la
construcción de un camino o carretera que una Garrucha con la
Venta del Pargo (Los Gallardos), por donde ya pasa la carretera
general.
El mineral de hierro de Bédar, que hasta entonces había sido
exportado al norte de España, Francia e Inglaterra, es enviado en
1889 a los Estados Unidos, con resultados favorables. Entre el
vulgo y los empresarios de la comarca se empieza a pensar en el
«milagro de Bédar», un coto minero que puede ser la esperanza
de esta región en los años futuros, debido a sus grandes
reservas metalíferas, tanto en hierro como en plomo.
No obstante, a finales de 1889, observamos los primeros indicios
del movimiento obrero en las minas de Bédar, al despedir la
empresa a casi todos los operarios bedarenses en favor de otros
pertenecientes a otros pueblos, como represalia de algún boicot.
que la empresa no aceptó. A este respecto, incrementaremos los
datos en futuras entregas.
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