Fué registrada en el año 1.927
Juan Antonio Soler Jódar
Plano de demarcación de la mina San Espedito
en el paraje conocido como Cuevas de las Palomas
Por todos es conocida la íntima
relación que tiene la minería en el origen de Los Gallardos.
El pueblo se desarrolló gracias al auge de la actividad minera
que tuvo como escenario la Sierra Almagrera y la Sierra de Bédar.
El núcleo original del pueblo se formó como un grupo de
casas solariegas en el término de Bédar que delimitaron
la primera calle del pueblo: la calle Soriano.
A finales del siglo XIX se produjo un aumento de la demanda
internacional de
hierro, en una época de rearme militar previo a la Gran Guerra en la que
el hierro almeriense era especialmente adecuado, por no tener fósforo,
para la tecnología siderúrgica ideada por Bessemer. El desarrollo
de la explotación de las minas de hierro en Sierra de Bédar y Sierra
Almagrera vino de manos de sociedades vizcaínas y extranjeras, pero este
periodo de bonanza de la minería no duraría mucho tiempo.
El cierre del mercado europeo a causa de la Primera Guerra Mundial, la crisis
de la industria siderúrgica británica de los años 20 y el
descenso de la producción industrial en la crisis de 1929 provocarán
un descenso de la demanda de hierro. Esta situación de crisis combinada
con el encarecimiento de la mano de obra a causa de los avances sociales llevará a
un cierre de las explotaciones en Bédar. La vida de los habitantes de
Los Gallardos y Bédar se complicó mucho a partir de los años
veinte; las grandes empresas mineras habían abandonado definitivamente
las explotaciones en la Sierra de Bédar y la falta de trabajo no dejaba
otra salida que la emigración (ya que la agricultura tradicional era incapaz
de mantener una población que sí que mantenía el trabajo
en las minas). Las vías férreas y cables aéreos fueron desmantelados
y se vendió todo lo que tenía algo de valor. La emigración
afectó especialmente a Bédar mientras que Los Gallardos, gracias
a su situación privilegiada junto a la carretera Almería-Vera,
consiguió resistir mejor la crisis y acaba independizándose de
Bédar en el año 1924. La reapertura de las explotaciones en el
año 1952 vino a renovar las esperanzas, pero el periodo comprendido entre
el cierre de las minas y esta fecha es una época de tremendas dificultades,
situación que se agravó con el estallido de la Guerra Civil Española.
Las concesiones mineras en Los Gallardos-Bédar. Gracias a los expedientes
de concesiones mineras de la Jefatura Provincial de Minas que se conservan en
el Archivo Histórico Provincial de Almería, que van desde el año
1860 al 1974, podemos conocer algo sobre las concesiones mineras de nuestros
términos municipales.
Los pasos principales que se tenían que seguir para adquirir una propiedad
minera eran tres: el registro de la concesión con la designación
de la mina mediante un escrito al Gobernador Civil, la demarcación de
la concesión por parte de un ingeniero del Cuerpo Nacional de Minas y
la entrega del título de propiedad. En el escrito al Gobernador Civil
se tenía que especificar la ubicación y dimensiones de la concesión
a registrar indicando además el nombre que se le daba. Gracias al archivo
sabemos que en la zona de Los Gallardos y Bédar llegaron a registrarse
más de 1000 concesiones, pero esto no quiere decir, ni mucho menos, que
haya existido tal cantidad de concesiones, pues ocurría que, aunque todas
las peticiones recibían un número de registro, muchas de ellas
eran desestimadas o no conseguían ser demarcadas, por lo que no se llegaba
a expedir el título de propiedad. El año en el que más concesiones
se registraron fue el de 1894, coincidente con la llegada de industriales vizcaínos
al levante almeriense, que realizaron grandes inversiones en infraestructura
para el transporte del mineral de hierro, como es el caso de la construcción
del ferrocarril minero Bédar-Garrucha por el industrial vizcaíno
D. Víctor Chávarri. En el año 1894 llegaron a registrarse
164 concesiones, todo un récord al que sólo se acercan las 64 concesiones
registradas en el año 1900 y las 54 del año 1902.
Un asunto curioso es el de los nombres que daban a las concesiones, que a veces
eran muy originales. No se puede negar que algunos registradores gozaban de
buen sentido del humor, como lo demuestran nombres como Lo que salga (D. Ramón
Matienza, 1894) o La Mosca y El Mosco (D. Ramón Pérez Zafra,
1865); pero el que se lleva la palma es D. Vicente Abad Modolell, que en el
año
1894 registra concesiones con nombres como Morito estás farruco, Montaño
me hizo daño, Con el mazo dando, Como moscas a la miel o El que venga
atrás que arree. En cambio, el mismo D. Vicente Abad muestra su orgullo
desafiante en otras concesiones también registradas el mismo año
con nombres como De Bilbao hemos venido, Porque siempre hemos ganado, Sin temor
a la derrota, Me has de soñar, Tú me buscarás y Duro y
a la cabeza. Hubo algunos registradores a los que parece que les costó tanto
poner el nombre que al final abandonaron. Así tenemos la concesión
de No sé (D. Remigio Bereinena, 1899), la de Como usted quiera (D. Plácido
López, 1888) y la de Cualquier cosa (D. Ramón Matienza, 1894).
Fragmento de plano conservado en el Ayuntamiento
de Bédar de las concesiones mineras en el que aparecen debió
realizarse entre los años 1888 y 1891. En él Los Gallardos
aparece como una barriada de una veintena de casas. |
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La gran actividad
registradora que se lleva a cabo en algunos años provoca que algunos registradores
utilicen nuevos métodos de adjudicación de nombre
más sencillos y funcionales. Así nos encontramos con
las concesiones registradas por D. José García Cañadas
en el año 1902 con los nombres tan originales de Número
uno, Número dos, Número tres… y así hasta
once. Existe una versión en euskera en las registradas por
D. Santiago Meave en el mismo año con los nombres Bat, Bi,
Hiru, Lau… hasta Hama (diez) y no podría faltar la
versión en números ordinales con las concesiones Primera,
Segunda, Tercera… y así hasta la Octava registradas
por D. Remigio Bereinena en el año 1894. Otros nombres parecen
mostrar inquietudes del registrador como las de Lo que Dios quiera
(D. Ramón Matienza, 1902), Por si acaso y Por si pega (D.
Vicente Sáez, 1894) o Algo se pesca (D. Aureliano Buendía,
1900) mientras que otros parecen reflejar un estado de ánimo
no muy positivo con nombres como Destrucción y Cataclismo
(D. Santiago Meave, 1900) y Terror (Aureliano Buend ía, 1902). |
Las últimas concesiones registradas por la Sociedad Civil Minera Unión
Bedareña lo fueron en el año 1923. El cese de la actividad minera
supuso también que se dejaran de registrar concesiones de manera que,
en el periodo comprendido entre los años 1924 y 1949, tan sólo
se registraron dos nuevas concesiones de mineral de hierro en el término
municipal de Bédar y una en el recién creado término municipal
de Los Gallardos. Las dos de Bédar fueron registradas por dos de los ingenieros
que habían trabajado en las minas: la de Pedro y Pablo, registrada el
año 1929 por D. Alfredo Dörn Goetze, y la de San Enrique, por parte
de D. José Ovidio Fernández García hacia el año
1936.
En Los Gallardos se registra una concesión de nombre San Espedito en el
año 1927. La historia de esta concesión es similar a la de muchas
concesiones que fueron demarcadas en la Sierra de Bédar. Lo único
a destacar es que hubo un primer intento fallido al ser rechazada la petición,
por lo que se tuvo que volver a registrar. A pesar de que en el territorio que
hoy en día ocupa el término municipal de Los Gallardos se demarcaron
numerosas concesiones con anterioridad al año 1924, la concesión
de San Espedito tiene el honor de ser la única demarcada siendo ya independiente
de Bédar.
Los Gallardos a finales del siglo XIX. Tenemos la oportunidad de saber cómo
era Los Gallardos a finales del siglo XIX gracias a un plano de concesiones mineras
que se guarda en el Ayuntamiento de Bédar. Aunque no aparece ninguna fecha
en dicho plano sabemos que se debió realizar entre los años 1888
y 1891 por las concesiones mineras que aparecen en él.
En esos entonces
Los Gallardos era apenas un grupo de casas situadas en el vértice noroeste
del trapecio que forman la carretera de Vera a Almería (actual N-340),
la carretera a Bédar y la Rambla de Los Gallardos (este es el espacio
que ocupa hoy el actual pueblo). En esta primigenia barriada de Los Gallardos
se aprecian la Calle Soriano y los esbozos de las actuales Calles Mayor y Molino.
También observamos la existencia de una cantera de sillería junto
a la carretera en dirección a Almería y un horno de ladrillos en
la rambla de Fuensanta. En el empalme entre la carretera a Bédar y la
que va de Bédar a Almería tenemos la Venta de Ignacia. El trayecto
indicado en color rojo que aparece en la parte superior del plano es parte del
proyecto de ferrocarril a Garrucha de D. George Clifton Pecket, representante
de la Holway and Bross. Se tendría que esperar a la llegada de D. Víctor
Chávarri para que éste fuera construido, las explotaciones de hierro
no podían ser rentables si no se disponía de un sistema de transporte
de grandes volúmenes. Las concesiones que nos aparecen en el plano son
las de Las Ramblas, registrada por D. Félix Ramírez Boza en el
año 1876 y situada en la rambla de Los Burgos y la de Fuensanta. Las concesiones
que están coloreadas, las cuales se puede observar parte de ellas arriba
y a la izquierda, eran propiedad de la Compañía de Águilas,
de arriba abajo tenemos: La Perdiz, Gorro Frigio y La Reforma.
La concesión minera de San Espedito, primer registro. La concesión
minera de San Espedito fue registrada por D. Andrés Moya Martínez,
un industrial vecino de Almería que el día 3 de mayo de 1927 dirige
un escrito manuscrito al Gobernador Civil de la provincia (entonces, D. Carlos
Palanca y Martínez-Fortún) solicitando la adquisición de
una concesión minera de 20 pertenencias mineras de mineral de hierro en
el término de Los Gallardos en el paraje conocido como Cueva de Las Palomas,
terreno de la propiedad de Juan Antonio Fernández, José Gallardo,
herederos de Alonso Gallardo y herederos de José Álvarez y María
Sánchez. En los escritos de registro de la concesión se tenía
que hacer constar la designación de la misma, es decir, las dimensiones
y límites a partir de un punto de partida, indicando la ubicación
las estacas que indicaban los vértices del rectángulo (ya fuera
regular o irregular) que debía albergar el número exacto de pertenencias
mineras solicitadas (unidad mínima de terreno que puede tener una concesión
con una superficie de 10.000 metros cuadrados ó 100 hectáreas).
En el caso de esta concesión, D. Andrés Moya delimita un rectángulo
de 300 por 666,66 m. tomando como punto de partida la cueva de Las Palomas.
Todas las solicitudes eran revisadas por el ingeniero jefe, que verificaba
las designaciones para comprobar que se ajustasen a la ley minera vigente
(en este
caso el Reglamento General de la Minería de 16 de Junio de 1905). En este
caso el Ingeniero Jefe de Minas del distrito, D. Luis Hernanz, no tuvo que esforzarse
mucho para ver que la designación era incorrecta. Una concesión
rectangular de esas dimensiones contendría 1.999,98 hectáreas de
terreno que correspondería efectivamente a 20 concesiones de 100 hectáreas
cada una (exactamente de 99,999 hectáreas); pero, por lógica matemática,
a pesar de ser unas pertenencias mineras de superficie reglamentaria éstas
tendrían que ser a la fuerza de forma rectangular.
Una pertenencia minera
era, efectivamente, una superficie de 100 hectáreas pero debía
tener la forma de un cuadrado de 100 por 100 metros, y esto es precisamente lo
que no cumplía la solicitud de D. Andrés Moya, por lo que el ingeniero
jefe tuvo que desestimar el escrito y declarar fenecido y sin curso el expediente
número 36.524, que es el número que fue otorgado a este registro.
No sabemos cuáles son los motivos que movieron a un industrial de la capital
a registrar una concesión de mineral de hierro en Los Gallardos, sobre
todo en una época en la que la minería estaba en franco retroceso,
pero el error que cometió en el primer intento nos indica que D. Andrés
Moya no estaba muy familiarizado con el tema de los registros mineros. Cualquiera
con un mínimo de experiencia en el tema jamás hubiera intentado
registrar una concesión usando distancias con centímetros entre
estacas que delimitan los límites de la concesión.
La concesión minera de San Espedito, segundo registro. El caso es que
esta concesión en concreto le interesaba lo suficiente como para volver
a intentarlo. El 19 de Mayo del mismo año vuelve a presentar otro escrito
al Gobernador Civil, esta vez realizado con máquina de escribir, que fue
registrado con el número 36.548. El nuevo escrito es igual en todo al
anterior a excepción de que en esta ocasión se designa una concesión
con 21 pertenencias mineras con forma rectangular de 300 por 700 metros. Aprendió del
error anterior, pues esta vez la designación fue correcta ya que en ella
se delimita una concesión rectangular con una superficie de 2.100 hectáreas
repartidas en 21 pertenencias mineras de 100 por 100 metros, dividida, pues,
en tres filas y siete columnas.
El registro de esta concesión fue anunciado en el Boletín Oficial
de la Provincia del miércoles 17 de Junio de 1927 e insertado en el tablón
de anuncios de la Jefatura de Minas y en el Ayuntamiento de Los Gallardos durante
el tiempo que establecía la ley por si alguien quería oponerse
o tenía algo que alegar. Así que el registro de esta concesión
fue comunicado al Ayuntamiento de Los Gallardos, siendo D. Andrés Flores
alcalde, exponiéndose al público en Agosto de ese año.
Tras este trámite el siguiente paso es el de la demarcación de
la concesión, por lo que el expediente pasa a manos del ingeniero del
Cuerpo Nacional de Minas D. Manuel Serra Martínez, encargado de estas
diligencias. En el Boletín Oficial del día 6 de Septiembre se anuncia
que la demarcación de esta concesión se realizaría entre
el 13 y el 20 de ese mes. Normalmente, al realizar la demarcación, se
avisaba a los dueños de las concesiones colindantes para que acudieran
representantes a la misma, pero en este caso no fue necesario porque la concesión
estaba rodeada por terreno franco por todos los lados.
Finalmente, el 19 de Septiembre se realiza la demarcación de la concesión.
Para ese efecto se presenta en la zona el ingeniero D. Manuel Serra junto a D.
Andrés Moya. Como testigos se personan D. Félix Melian Abajo, ayudante
facultativo de Minas de Almería, y Diego Carmona Carrillo, vecino de Los
Gallardos. En el informe el ingeniero describe el terreno como constituido principalmente
por conglomerados del mioceno, calizas triásicas y cuarcitas primitivas,
con manifestaciones de hierro. Antes de empezar la demarcación se solía
relacionar el punto de partida, en este caso el centro de la cueva de Las Palomas,
con otros puntos visuales auxiliares; pero debido a la configuración del
terreno sólo se pudo relacionar con uno: el centro de la puerta de la
cueva de la Gallinaza. Desde el punto de partida se fueron colocando las estacas
que delimitaban la concesión. La primera estaca se puso en terreno de
D. José Gallardo Meca, la segunda en terreno de los herederos de los Cánovas,
la tercera en tierras de los herederos de D. José Álvarez y la
cuarta y quinta en la propiedad de los herederos de D. José y D. Alonso
Gallardo. Tras la demarcación se elaboraba un plano donde se indicaban
estos límites, plano que fue acabado el 24 de Septiembre de ese año.
El último paso para obtener la propiedad era efectuar el pago correspondiente
a los derechos del título de la misma, lo que supuso 120 pesetas por el
título de propiedad y 21 pesetas por derechos de pertenencias (a una peseta
por pertenencia minera) además de dos timbres móviles de 15 céntimos.
Tras efectuar dicho pago el título de propiedad fue expedido el día
3 de Enero de 1928.
A partir de aquí desconocemos qué fue de esta concesión
y de su registrador. Lo que es seguro es que nunca se trabajó en San Espedito.
Si desconocidos son los motivos que llevaron a su registro y demarcación,
desconocidas son también las causas por las que fue anulada. Lo único
de lo que ha quedado constancia es que, por decreto, el terreno que ocupó esta
concesión fue declarado franco y registrable con carácter definitivo
el 27 de Marzo de 1930