MINAS DE BÉDAR

   

HIERROS DE GARRUCHA-MINAS DE BÉDAR

  En el año 1952, la asturiana Sociedad Minero-Metalúrgica Duro Felguera S.A. estudió la posibilidad de volver a explotar las minas de Bédar.  Con este fin se traslada a la zona el facultativo de minas Felipe Guillén Montoya, que contacta a su vez con Ismael Fernández en Vera y con Ovidio Fernández en Las Pastoras, que ya habían trabajado en las minas de Bédar; también se compra toda la documentación sobre las antiguas minas a Alfredo Dörn. Como los análisis de los yacimientos y de las muestras de mineral que se llevaron a cabo tuvieron resultados satisfactorios  la empresa acaba anunciando que se reiniciará la actividad minera, lo cual fue recibido con gran alegría por parte de los habitantes de la zona, que veían como iba menguando la población por culpa de la emigración. La empresa que se formó, filial de la Duro Felguera S.A. se llamó Hierros de Garrucha-Minas de Bédar y estaba bajo la dirección de don Felipe Guillén. Contaba con tres administrativos: Pepe Flores Simón, Martín González Flores y Mario Guillén Valdivia (químico); dos auxiliares administrativos: Juan Alarcón y Antonio Guillén Valdivia; cinco jefes de cuadrilla y un vigilante mayor: Bautista Díaz. Los ingenieros jefes se llamaban don Ricardo y don Arturo("Desde 1.952 hasta 1.970: Minas de Bédar I" por Mario Guillén Valdivia, Segundo Ramírez Rodríguez y Emilio Ruiz Ruiz, La Cimbra, revista local de Los Gallardos n.º 9)

En la fotografía superior izquierda vemos el aspecto actual de Hoyo, la entrada principal a la mina era la galería inferior de las tres que se aprecian en la fotografía.

En general se explotaron las minas que antiguamente ya habían sido abiertas durante la época anterior, sin duda aprovechando la información proporcionada por don Ovidio y don Alfredo. Así pues comenzaron los trabajos de reparación, instalación de líneas eléctricas y vías en las Cañaícas en las explotaciones del Hoyo Júpiter y sus pozos interiores:  pozo H, pozo San Pío, de donde sacaban el agua,  y otros que existían  (los diferentes pozos, dentro de las galerías de las minas, estaban bautizadas con diferentes nombres que facilitaban el reparto del trabajo). Además se trabajó también las viejas minas de los terrenos colindantes al Hoyo: San Ignacio y Santa Cecilia ( se explotaron a la vez hasta su agotamiento y posterior derrumbe), en estas minas de las Cañaícas trabajaron como capataces los bedarenses Ginés González y Frasquito Moreno El Dido . Es de destacar la existencia de una galería de acceso al Hoyo desde el barranco de Serena, es lo que se conoce como túnel de la Higuera que parte de la conocida como roza del Castillico, era usado por los mineros de Serena para dirigirse a sus respectivos puestos de trabajo.

Para el transporte del mineral procedente del Hoyo reparó el plano inclinado que llevaría el mineral hasta San Manuel para almacenar el mineral en sus tolvas. Para el transporte del mineral se construyó el 1954 un bicable aéreo que iba desde San Manuel (mismo punto de partida del cable durante las viejas minas) hasta Los Gallardos (con una longitud de 3,9 km) en un lugar llamado Las Canteras, que se encontraba junto a la carretera nacional desde donde el mineral sería transportado a Garrucha en camiones. El cable comienza a funcionar el año 1956. El encargado del cable se llamaba Juan Girona y es mítica su temeraria forma de trabajar. Sucedía en ocasiones que se rompía alguno de los alambres del cable por el calor y la fricción y por ese punto descarrilaban los vagones cayendo al fondo del barranco. En estas situaciones el mismo Juan Girona se subía a una vagoneta y, jugándose la vida, se acercaba al punto de la avería para cortar el alambre díscolo que hacía caer los vagones. Como encargado de los cables que era también se encargaba del otro cable que se instaló después en la mina de las Angustias.

Las minas estaban provistas de líneas eléctricas con torres de transformador que se precisaban para el funcionamiento de los compresores, cable aéreo, ascensores... Se pueden encontrar todavía estas torres en pie en el pozo Esperanza, las instalaciones de San Manuel y en el Hoyo Júpiter, siendo ésta última la mejor conservada al ser más difícil el acceso. En esta mina, el Hoyo Júpiter, había un gran compresor en una caseta ya su lado se puede observar una pequeña  balsa de agua para el motor.

En el puerto de Garrucha se utilizaba otro cable para cargar el material directamente en los barcos cuando estos llegaban al puerto. El encargado de dirigir las operaciones de carga era también Juan Antonio Jódar Cánovas, que se desplazaba a Garrucha cada vez que llegaba un barco para cargar el mineral que estaba almacenando en las tolvas. El cable pasaba por la playa norte de Garrucha y recorría el muelle, desde aquí se cargaba el mineral directamente en los barcos.

Las oficinas de las minas se instalaron inicialmente en Los Gallardos pero fue tal el malestar que se generó en Bédar ante este hecho que se decidió construir unas nuevas oficinas en las Cañaícas, justo entre el Hoyo Júpiter y San Manuel. Dotadas de oficinas, taller de reparaciones y hasta incluso de botiquín la explanada frente a las oficinas se convirtió en centro de reunión de los trabajadores sin tareas asignadas. Los mineros que no tenían una tarea asignada de antemano, se reunían en la explanada de las Cañaícas, ante las Oficinas. Allí se distribuía el trabajo -"tantos hombres a las tolvas de Vulcano, tantos a tal pozo... etc"-.

Cerca de las oficinas de las Cañaícas se encontraba un edificio que se utilizaba como almacén de carburo, por allí pasaban los mineros para recoger el carburo que iban a utilizar. Más adelante se encontraba la oficina del guarda (una pequeña cueva abovedada que proveyeron de un pequeño aseo) y las duchas de los mineros.

 

En la fotografía de la izquierda unas compuertas de la tolva de Vulcano que milagrosamente no fueron vendida como chatarra como el resto de hierros de las minas.

Los explosivos, se guardaban en una pequeña cueva cerca también de las Oficinas, pero al quedarse pequeña tuvieron que construir un polvorín más grande, no muy lejos. Siempre había un guardia al cuidado de los explosivos. Entre el almacén de carburo y la oficina del guardia vivía un minero en una pequeña casa-cueva, éste provenía de las minas de Río Tinto y tenía fama de estar siempre borracho.

Cuando a principio de los años 60 empezó a decaer la productividad de las minas del Hoyo se inician otras explotaciones, las del pozo de las Palas y el pozo Esperanza. El transporte del mineral se hacía inicialmente con mulas, pero cuando la cantidad de mineral extraído empezó a superar la capacidad de este sistema de transporte se decidió instalar vías para el uso de locomotoras diesel, para lo cual aprovecharon el viejo trayecto hacia San Manuel procedente de la mina de San Marcial por el barranco de los Lobos;  hay que señalar que los mineros hablan de la existencia en las minas de tres de estas locomotoras: dos en el Hoyo Júpiter y una trabajando en el ramal hacia el pozo Esperanza y pozo de las Palas. Se reconstruyeron las tolvas de Vulcano (trabajos en los que participó José Soler Barón y Pedro Castro) y un plano inclinado situado al lado. También se empezó a trabajar en la mina del Socavón de los Lobos para explotar el mismo yacimiento de hierro que el pozo Júpiter pero desde un nivel inferior en ascenso.

 

 

El pozo Esperanza tenía un acceso inferior por el que accedía el personal que iba a trabajar, disponía de un ascensor para las vagonetas, que una vez cargadas y después de dar una contraseña, ascendían por el pozo gracias a unos motores situados en una caseta justo al lado del pozo. Una vez allí se cogía la vagoneta y echaban el mineral a la tolva basculando la vagoneta que, una vez descargada, se volvía a bajar por el pozo. En la tolva del pozo Esperanza se cargaban las vagonetas que eran transportadas por un ramal que se unía al que venía del pozo de las Palas y atravesando un puente se dirigía a las tolvas de Vulcano. El mineral de estas minas se iba acumulando en estas tolvas cuando había demasiado para cuando viniera un barco de carga a Garrucha, momento en el que se vaciaban las tolvas mediante unas compuertas sobre las vagonetas, si no debían ser almacenado, el mineral se bajaba por el plano en dirección a San Manuel.

Antes de llegar a San Manuel, desde donde partía el cable hacia Los Gallardos, la vía pasaba por  tres túneles, el último llamado de San Manuel. La vía transcurría por el borde del barranco describiendo varias curvas. En este trayecto se encuentra el almacén de Vulcano, que se destruyó en un incendio provocado. Comentan los mineros que en una de las curvas (la de la fotografía de la izquierda) a veces descarrilaba algún vagón cayendo al barranco y arrastrando el resto de vagones . La locomotora siempre fue capaz de volver a subir los vagones en unos accidentes que, según cuentan, eran de lo más espectacular.

Tras atravesar el último túnel se llegaba a San Manuel, donde había una caseta para la locomotora, un depósito de mineral, una tolva y el inicio del cable que iba hacia Los Gallardos. En este punto coincidía con el ramal que venía desde las minas del Hoyo Júpiter, San Ignacio y Santa Cecilia por medio de un plano Inclinado que bajaba desde las Oficinas en las Cañaícas.

Junto a estas minas se iniciaron, tras una dificultosa puesta en marcha, los trabajos en la mina Alerta. Esta mina tuvo como capataz a Antonio Rodríguez El Serafín.  Se cuenta que esta mina sufrió un aparatoso hundimiento que por poco deja atrapados a varios mineros dentro mientras trabajaban, entre ellos el entibador José Soler Barón y el martillero Juan El Cojo,  el enorme cráter que quedó tuvo que ser rellenado con troncos y escoria para poder volver a ser explotada. El mineral de Alerta se cargaba en camiones para ser transportado a Garrucha.

Ya más posteriormente se inician nuevas explotaciones, la de Tres Amigos y la de la Cuadra (cuyo capataz se llamaba Melchor y era de las Pastoras), en estas dos también se transportaba el mineral directamente en camiones. En las tres fotografías inferiores podemos ver de izquierda a derecha: el interior de Alerta para poder apreciar el trabajo de entibación que se ha conservado milagrosamente, el pozo de Tres Amigos con la tolva de las viejas minas al fondo y La Cuadra.

Se iniciaron también los trabajos en la mina de Las Angustias (situada en las Rellanas de Bédar) en el que se instaló un cable aéreo que iba a parar a una tolva situada en La Mortera al lado de la carretera a Lubrín, desde esta tolva se cargaban los camiones que llevaban el mineral a Garrucha.

El encargado de la construcción y mantenimiento de las carreteras era Juan Antonio Jódar Cánovas (fotografía de la izquierda), que fue el encargado de la construcción, entre otras muchas, de la carretera Bédar-Lubrín al mando de un pelotón de trabajadores antes de entrar a trabajar en las minas. A pesar de no tener el título de ingeniero muchas veces actuaba como tal y no era raro que los mismos ingenieros le pidieran su opinión o le hicieran elaborar un presupuesto antes de empezar a construir algún puente o carretera, algunas de estas tareas especiales eran recompensadas con 1000 o 2000 pesetas dependiendo de su importancia.

También se valoró la posibilidad de volver a explotar las minas de Majá la Cana, llegando a estudiarse la posibilidad de instalar un cable o un ferrocarril. Se llegó a habilitar una carretera de acceso a las minas (realizada por Juan Antonio Jódar) e incluso se llegó a extraer mineral,  pues según algunos testigos allí abrieron una nueva boca de mina (distinta de la antiguamente explotada en ese lugar) e instalaron un compresor con el que estuvieron trabajando algunos mineros. De todas formas, aunque se iniciaran los trabajos, estuvo muy poco tiempo en funcionamiento. Se conoce que en ella realizó trabajos de entibación José Soler Barón y trabajaron otros como Reyes Barón.

También se pretendió la explotación de la calicata del Buitre, situada en el barranco del mismo nombre muy cerca de la cortijada de Los Olivicos. Se encargó a Juan Antonio Jódar la realización de un presupuesto para construir un carril que permitiera transportar el mineral desde esta mina. A pesar de que dicho estudio se llevó a cabo y se redactó un informe con presupuesto para realizar el mencionado carril, el proyecto no se llevó a cabo por las dificultades que conllevaba el transporte.

Otras de las minas que intentaron volver fue a explotar fue la de el socavón del Balsón, en el camino entre Serena y los Pinos y la roza de los Rincones de los Pinos (o del Atajo) situada en la cortijada de Los Pinos. Para la explotación de esta última mina se llegó a planear la construcción de un plano inclinado que llevara el mineral hacia una tolva, llegó a construirse una pequeña tolva y parte del plano, pero el proyecto acabó por abandonarse. No llegó a trabajarse tampoco en el socavón del Balsón porque se precisaba construir un puente que pasaba por un terreno privado y no consiguiéndose finalmente el permiso para construir tuvieron que abandonar los trabajos a pesar de que ya habían empezado a construir el puente.

 

En las tres fotografías superiores podemos ver de izquierda a derecha: los restos de viejas minas situadas en la confluencia de los barrancos de Los Rincones de Los Pinos y Atajo, la segunda nos muestra el estado actual de la tolva que se construyó para la explotación de estas minas y la tercera una imagen del socavón del Balsón con los restos del frustrado puente.

EL PROBLEMA DEL NOMBRE

Uno de los problemas que surgieron y que hace referencia a la denominación de la empresa. En un principio se la quería denominar "Hierros de  Garrucha" con la excusa que Garrucha era más conocido que no Bédar y sería más comercial. Pero el alcalde de entonces de Bédar, don Luís, se negó a aceptar esto y exigió que apareciera el nombre de Bédar. De esta manera se llegó a al acuerdo de que se denominara "Hierros de Garrucha-minas de Bédar". Lo que comentan los mineros es que los de Los Gallardos querían que se denominara con el nombre de su localidad, y tal como comentan "-las minas serían suyas, sí, pero estaban en Bédar-".

 En la fotografía superior izquierda podemos ver el aspecto actual de la Casa Grande, alojamiento de los jefes que se encuentra en Los Pinos, actualmente pertenece a unos extranjeros y su aspecto es muy diferente del que tenía entonces.

 

ALGUNOS ASPECTOS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO DE LAS MINAS: TRABAJO DURO Y FAVORITISMOS.

El Hoyo Júpiter fue el que primero se explotó.  Los pedriceros construyeron un muro para ir acumulando el mineral, que se transportaba por galerías bajo tierra hasta las Oficinas saliendo por el socavón de las Oficinas. Allí las vagonetas se transportan hasta San Manuel por el plano inclinado. Por este plano circulaban 4 vagonetas, dos que bajaban cargadas y dos que subían vacías. En San Manuel las vagonetas se subían con un "winche" al depósito donde se basculaban por los lados para ir acumulando mineral. Cuando llegaba algún barco, el material se echaba a la tolva por medio de palas desde donde se cargaba en el cable aéreo.

Los mineros, tras recibir las tareas correspondientes en las Oficinas, se pasaban por el almacén de carburo y se iban a sus respectivos destinos. Los martilleros usaban dos tipos de martillo, unos de fabricación alemana que, según parece, eran los más resistentes y otros de fabricación francesa  más endebles que no servían para ciertos terrenos. Uno de estos martillos de fabricación alemana se usaba en el socavón de Los Lobos y fue trasladado a otras propiedades de la compañía en Las Norias para la construcción de una carretera.

El trabajo en algunas zonas, como por ejemplo la tarea consistente en bascular vagonetas en las tolvas de Vulcano, se puede calificar sin discusión de "castigo", pues era el destino de los que tenían faltas y las temperaturas que allí se alcanzaban combinadas con el continuo y duro trabajo de bascular las vagonetas hacían que estas tolvas se hicieran merecedoras del nombre que le dieron. La carga con palas desde el mineral acumulado en el depósito de San Manuel a la tolva tampoco es recordado precisamente con mucha alegría.

 

En la fotografía de la izquierda, el depósito de mineral de San Manuel visto desde el plano inclinado hacia las Oficinas, la rampa se salvaba mediante el uso de un winche instalado en su parte superior.

 El trabajo era duro y no se tiene, en general, muy buen recuerdo. Las 500 pesetas al mes que ganaban los mineros no ayudaba, desde luego, a mejorar esta sensación de malestar. Se comenta incluso historias sobre las "minas de antes, las primeras", de que usaban látigos para hacer trabajar a los niños que llevaban capazos de mineral al hombro.

Luego está el tema de los favoritismos, ya que los trabajadores que eran de Los Gallardos obtenían los mejores puestos mientras que a los de Bédar, Serena y Los Pinos les tocaban los peores, aunque un minero de Serena me comentó: "-con los de Bédar todavía tenían miramientos, no en vano las minas estaban en Bédar, y aunque quisieran ponerle el nombre de Los Gallardos a las minas si querían construir o querían empezar una nueva explotación era el ayuntamiento de Bédar el que debía autorizarlo; pero con los de Serena y Los Pinos era otra cosa..."

 

SOBRE LOS ACCIDENTES 

Se conocen tres accidentes con resultado de muerte. El primero fue un tal Santiago Andreu de Serena, al que le cayó una piedra en la cabeza cuando estaba trabajando en el Hoyo Júpiter (en superficie). El segundo fue Juan Rubio (el de la fotografía de la izquierda), que falleció cuando trabajaba en el pozo H al quedar enterrado junto a Juan El Meco cuando se hundió la galería donde trabajaban. A Juan El Meco pudieron sacarlo con vida, pero con las piernas lesionadas.

Otro de los accidentes mortales fue el que sufrió el gallardero  Juan Gómez El Vasquiña. El accidente tuvo lugar en el plano inclinado que va desde San Manuel a las Oficinas. En ese plano se movían 4 vagones, dos que bajaban cargados y dos que subían vacíos. Había ocurrido que, en algunas ocasiones, los vagones se habían quedado atascados en el plano y probaron con éxito un método para poder bajarlos que consistía en hacer subir una locomotora, enganchar los vagones y bajarlos. En esta ocasión los vagones volvieron a quedarse atascados en el plano y, como antes había funcionado, trajeron la locomotora que conducía Juan el Vasquiña; la locomotora subió por el plano hasta el tramo de más pendiente, que es donde estaban los vagones, pero esta vez no consiguieron enganchar las vagonetas a la locomotora y al parecer la locomotora sufrió alguna avería (cuentan que posiblemente le fallaron las marchas al estar la locomotora en un plano tan inclinado) y calló plano abajo a una velocidad endiablada según cuentan los testigos. El conductor salió despedido cuando la locomotora llegó a la parte de abajo del plano y murió al golpearse contra el suelo.

En el pozo Esperanza tuvo lugar un accidente que dejó paralizadas las extremidades inferiores a Diego Simón al sufrir una caída. Otro de los accidentes, que fue muy comentado aunque no fue mortal en un primer momento, fue el que sufrió Agustín Duarte en el pozo de Tres Amigos. En ese pozo (de entre 80 y 100 metros de profundidad), funcionaba un ascensor. En la parte superior había unos topes que evitaban que las vagonetas se precipitaran por el pozo cuando la plataforma estaba abajo. Agustín se encargaba ese día de llevar y traer las plataformas al pozo, pero en una de las ocasiones en que llevaba una vagoneta vacía hacia al pozo los topes fallaron cuando la plataforma estaba todavía abajo y la vagoneta se precipitó al pozo con Agustín detrás. Los compañeros de Agustín se temieron lo peor, pero se escuchó una voz que venía del pozo "-¡subidme, que aun estoy vivo!-". Había tenido la suerte de poder agarrarse a los cables que bajaban al pozo. Juan Antonio Jódar, que trabajaba ese día en una carretera cercana, cuenta que lo vio como Agustín se iba a casa antes de tiempo, por lo que se le acercó y le preguntó: "-¿dónde vas tan pronto? ¿es que estás enfermo?-" a lo que contestó "-Es que me he caído en el pozo pero he podido agarrarme a los cables. Me han dicho que me vaya a casa-". Al cabo de unos días Agustín se puso enfermo y falleció, cuentan que de la impresión que tuvo tras el accidente.

 

 LA SILICOSIS, ALGO MÁS QUE UN MAL RECUERDO

Realmente no hubo muchos accidentes mortales, lo cual resulta bastante sorprendente dado la cantidad de accidentes que se produjeron. Pero la silicosis acabó con todos aquellos que estuvieron demasiado tiempo trabajando en las minas. Muchos murieron por culpa de la silicosis y algunos todavía están sufriendo los efectos de esta enfermedad crónica que tuvo efectos devastadores. Y esto a pesar que se hacían revisiones médicas, se usaban protecciones personales y se tomaron otras medidas como prohibir que comieran en el trabajo (penado con multas, aunque se lo saltaban con mucha facilidad).

Es muy significativo y expresa a la perfección la opinión que se tiene al respecto lo que me comentó un viejo minero una vez que volvía de hacer una visita por las minas; estaba descansando en su casa de Serena cuando me preguntó que de dónde venía, a lo que yo respondí "-pues vengo de darme una vuelta por el Hoyo Júpiter-"; al oír este nombre abrió mucho los ojos y respondió: "-¿vienes del hoyo Júpiter? allí estuve trabajando 10 años y suerte que pude escaparme. Tengo silicosis y no puedo andar ni un pequeño trecho sin ahogarme, pero si me hubiera quedado allí estaría bajo tierra como todos los demás. Suerte que pude escaparme, desde que me fui no he vuelto a poner los pies allí-".  Creo que sobran más comentarios.

 

En la fotografía podemos ver a dos de los capataces de Las Cañaícas: Diego Castro a la izquierda y Juan Soler Barón; entre ellos está Felipe Meca, que trabajó como peón en las minas y que murió afectado de silicosis (cortesía de Juana Castro).

 

EL CIERRE DEFINITIVO       

En junio de 1962 muere Felipe Guillén, siendo sustituido por el ingeniero José María Magariño. A partir de entonces dejaron de abrirse nuevos yacimientos y las minas empezaron a decaer hasta que cesó toda actividad el 6 de agosto del año 1970. Así acaba la última de las minas de la Sierra de Bédar. La población volvió a los aproximadamente a los 600 habitantes con los que contaba en el siglo XVIII. La emigración se dirigió hacia otros lugares de España (en especial a Cataluña), Alemania, Suiza y Francia. Los que se quedaron se refugiaron en la agricultura, la actividad tradicional en Bédar que pasó a ser la actividad más importante a partir de los años cincuenta.

 

volver