Juan Gallardo
Las fiestas patronales de Los Gallardos en honor
de la Virgen del Carmen se han adornado cada año con una diversidad
de actos: pasacalles, gigantes y cabezudos; campeonatos de
diversa índole,
partidos de fútbol... a gusto siempre de la Comisión de
Fiestas del momento. Unos actos han desaparecido de un año para
otro, otros han aparecido, pero sobre todos ellos hay uno que
se encuentra fuertemente arraigado en nuestras costumbres y
que es –verbena
aparte- el que mayor aceptación tiene entre los gallarderos.
Es la carrera de cintas.

Carrera de cintas de 1962. Las mozas son Ramona Ruiz Ruiz,
Luisa Sánchez Ruiz, Francisca Segura Pérez, Paquita Alarcón
Flores, Marina García Molina, Paquita Albarracín Ortega
y una desconocida. Ordenando, Manuel Alarcón Sanchez. (Foto:
Ramona Ruiz) |
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La carrera
de cintas tiene su raíz en el mismo origen de las fiestas del pueblo. Es un
acto muy simple, pero muy simpático y querido. Su desarrollo
no puede ser más sencillo: En los días previos al
acto, las mozas del pueblo bordan su cinta –la realidad actual
es que ya no la bordan, sino que la pintan- en la que colocan su
nombre y hacen menci ón al año de la celebración.
Este
día, la banda de música recorre las casas de las muchachas,
que se encuentran ataviadas con sus mejores galas, y se incorporan
al grupo, no sin antes despedirse de sus padres, que les desean
las mejores suertes entre piropo y piropo para su vástago. |
Una vez que la banda de música y todas
las muchachas que se han incorporado al grupo hacen el recorrido se
dirigen al real de la feria, donde se ha habilitado un espacio preferente
para situarse, espacio que se suele adornar con baladre y otras plantas
En los últimos años es cierto que las muchachas ya no dedican
tanto tiempo a bordar la cinta. Es algo lógico, pues antiguamente casi
todas ellas iban a impartir clases de corte y confección, y el bordado
de la cinta era una tarea más. Pero, en cambio, ahora, las jóvenes
suelen deslumbrar con unos vestidos preciosos típicos de nuestra tierra.
Sigamos con
la descripción
del acto. Una vez que las muchachas se sitúan en lugar preferente
del recinto ferial, entregan su cinta a la Comisión de fiestas
para enrollarla en un trozo de caña, dejando colgando la
anilla. Los tubitos de caña con la cinta se pasan por un
alambre, que se atraviesa en la calle a una altura de aproximadamente
dos metros. Los otros protagonistas del acto son los mozos del pueblo,
que se sitúan con sus bicicletas y un punzón en la
mano a unos doscientos metros. Se les da la salida, uno a uno, para
que intenten pasar el punzón por la anilla de una de las
cintas. Si no lo consiguen, continúan con la bicicleta dando
la vuelta por otra calle hasta situarse en la cola del pelotón.
Si lo consiguen, lucen en unos metros, con la mano en alto, el galardón
obtenido, frenan la bicicleta, que dejan en manos del primer espectador
que encuentran y se dirigen hacia la due ña de la cinta. |
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Carrera de cintas de 1955. De izquierda a
derecha se pueden ver a Luisa Jerez Flores, y detrás asoma
la cabeza de Conchita Gallardo Montoya. A continuación está
Dionisia Belmonte Grima, y junto a ella Prudencia Fernández,
y delante María Soler Gallardo; a continuación, María Rodríguez
Rodríguez, y detrás Mimí Guillén Valdivia; Antonia Gómez
Navarro, Encarna Bujaldón Rodríguez, Isabel Fernández Albacete,
Isabelita Alarcón Alarcón, Nati Alonso Albacete, Maruja Castaño
Gil y Juanita Alarcón Rodríguez. (Foto: Maruja Castaño) |
El éxito del joven es saludado con el zumbido
de un cohete y los acordes de la banda de música. La muchacha le cruza
la cinta sobre su pecho y le regala un par de besos. Además, le entrega
un regalo sorpresa, que habitualmente suele ser un paquete de tabaco o un botecito
de colonia. El muchacho es despedido entre aplausos del público y coge
nuevamente su bicicleta para situarse tras sus compañeros para probar
fortuna en un nuevo viaje.
El acto, a pesar de su simpleza, tiene sus momentos de emoción y sus pequeños
detalles que le dan cierta intriga. En primer lugar, es un acto propicio para
distinguir a los habilidosos de los torpecillos. Los primeros, casi nunca fallan,
mientras los segundos hacen mil y una diabluras para obtener una cinta. Los hay
con “cara”, que, hartos de pasar sin obtener galardón alguno,
paran su bicicleta y cogen la cinta con la mano. Entonces interviene un improvisado
jurado, que normalmente no da por válido el acto, volviendo a enrollar
la cinta. Excepto si ésta es la última, que entonces se admite
la trampa.
Otro momento de emoción es cuando un corredor persiste en coger determinada
cinta, y ésta se le resiste. Algunos muchachos indagan antes a quién
corresponde cada cinta. Una vez que la identifican actúan sobre ella apartándose
de su lugar o intentando cogerla. Un ex-novio que quiere volver con su chica
intenta cogerla y no quiere otra más que esa. El que no quiere verla ni
en fotografía, identifica la cinta e intenta apartarse de la misma. Cuando
alguna muchachita nueva ha llegado al pueblo, todos los mozos intentan obtener
su premio. Y cuando hemos sido incapaces de mirar a los ojos a una, ¿qué mejor
manera de hacerlo que llevándose su cinta, sus besos y su regalo?
Con los regalos también suele haber sus más y sus menos. Al
final del recorrido se sitúan los curiosillos de turno, que se dirigen
el ciclista galardonado para ver lo que le han regalado. Los más seriecillos
se quitan de en medio al curioso de turno, dejando la apertura del envoltorio
para un momento
más íntimo. Otros, acceden a la petición del chismosillo
y enseñan el premio. Obviamente, según el regalo recibido,
así califican
a la chica: “Jo, qué tía”, “Será la
tía...”,
son expresiones de agrado y desagrado que se suelen pronunciar tras abrir
el premio. Se suele decir en los ambientes de las cinteras que algunas de
ellas
llevan preparado regalo doble, y entregan uno u otro, según ven con
simpatía
o no al joven que se ha llevado su cinta.

Corrida de cintas del año 1.970. Las cinteras son María Jesús Molina,
Paquita Ramírez, Anita Crespo, Isabelita López, Mai Nieves Cano,
Angelita Molina, Mari Angeles Cazorla, Amparo Crespo, Iluminada
Muñoz, Mari Carmen Gómez, María Martínez Anaita Alarcón. La niña
pequeñita es DAmi Crespo. (Foto: Vertice Photo)
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Pues
bien, un acto tan sencillo y simpático como éste,
durante la celebración de las fiestas patronales
de este año ha brillado por su ausencia. ¿Por
qué? Muy sencillo: Porque, desde hace unos años
para acá, hay un grupo de gente, cercana a la
comisión de fiestas, que ha hecho todo lo posible
por hacerlo desaparecer. Y la mejor manera de hacerlo
desaparecer es como se ha hecho: deteriorándolo.
Los protagonistas sustanciales de las carreras de cintas
son los muchachos y muchachas del pueblo. Primero se
empezó por
hacer una carrera de cintas infantiles. El acto resultaba
muy divertido para las mamás y los papás
de los niños, pero para nadie más. Después,
se rizó el rizo organizando una carrera de cintas
para casados y casadas.
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Y finalmente, la desorganización
llegó a tal extremo que ya no se sabía si era carrera de
cintas de mozos, de niños o de casados. El año pasado, vimos
el pobre espectáculo de ver cómo una esbelta muchacha cruzaba
la cinta sobre un niñito que no media más de cuarenta centímetros.

Corrida de cintas del año 1,985. Isabel María Martínez impone su cinta.
(Foto: Vertice Photo)
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Por
eso, aplaudimos el plante que estas pasadas fiestas han
hecho las muchachas gallarderas. “Si queréis
pallasadas, hacerlas vosotros”, han venido a decirles
a los organizadores, que se han quedado a dos velas y
han tenido que suspender todos los actos de las cintas.
El malestar se ha manifestado en forma de plante. Y muy
bien hecho.
Esperemos
que esto haya servido de escarmiento y que las carreras
de cintas vuelvan a tener el esplendor que siempre han
tenido. Las mamás que quieran ver a sus niñitos
corriendo cintas, que le organicen una velada en el patio
de su casa. Y las señoras entraditas en años
que quieren suplantar a las jovencitas, que piensen que
el protagonismo, ese día, no les corresponde a
ellas.
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Y a los organizadores de las fiestas que no conocen
la tradición de nuestro pueblo, un consejo: preguntad a cualquiera
de las personas mayores de nuestro pueblo.
O mejor aún: dejad que sean ellos los que
organicen las cintas. Antonio Navarro las ha organizado durante más
de veinte años.
Le daba seriedad y rigurosidad al acto. Ha tenido que enrollar muchas
cintas de jóvenes que querían obtenerla por medios ilícitos.
En cuanto vio el cachondeito se quitó de enmedio. Vio venir lo
que ha pasado.
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